EL ÁMBITO DE LA ÉTICA
En el caso de la ética, la filosofía se refiere a casos concretos. Estos son tal vez los únicos casos concretos de los que tradicionalmente se ha ocupado el pensamiento filosófico, pues a diferencia de las cuestiones epistemológicas o metafísicas, que tratan problemas alejados de nuestra vida cotidiana, los asuntos éticos son, ellos mismos, nuestra vida cotidiana, en cuanto entendamos a ésta como la vida que llevamos a cabo en medio de grupos humanos, en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestro país.
Para que comprendamos el porqué de la búsqueda de Sócrates y el afán con que el intentó resolver una cuestión a las claras mas importante que su propia vida, será necesario que nos aproximemos a lo que se considera como la “cuestión ética”.
Ya hemos dicho que se trata de una reflexión que busca determinar nuestro comportamiento, no tanto para resolver las razones por las cuales realizamos un acto, sino con el fin de predeterminar, de la mejor manera, dichos actos.
EL PROPÓSITO DE LA ÉTICA
Algunos filósofos, como Immanuel Kant, piensan que los actos verdaderamente virtuosos, verdaderamente éticos, son aquellos que se realizan sin un fin particular, sin ningún interés personal, sino buscando la realización de nuestra especie. Según ellos, nuestra individualidad sólo se vera realizada si guiamos nuestros actos persiguiendo el mas alto de los fines, que es la felicidad de todos los hombres, y por lo tanto, dejando de lado las pequeñeces y miserias propias de nuestra subjetividad.
En cambio otros filósofos, los llamados pragmáticos o utilitaristas, como John Stuart Mill, piensan que en la medida en que se cumplan nuestras propias metas, en esa medida se contribuirá al bienestar de todos lo hombres, siempre y cuando el bienestar personal esté perfectamente identificado con el bienestar universal. No se trata de conseguir la felicidad personal, sino de contribuir con nuestros actos a la felicidad de toda nuestra comunidad, y por tanto de lo que entendemos por humanidad.
En síntesis, podemos decir que uno de los propósitos primordiales de la ética es constituirse en una reflexión tendiente a un fin, y que las discrepancias radican en lo que se entienda por fin.
Para los griegos, el fin era la felicidad, que a su vez era el resultado de un modo de vida razonable. Para los filósofos modernos el fin era lograr la libertad y el bienestar de todos los hombres, a través de la intervención decidida y atenta de la razón. Según la mayoría de contemporáneos, el fin significaría encontrar el equilibrio perfecto en el intercambio entre individuos y sociedad respecto a nuestras esperanzas y anhelos.
Esta diversidad de propósitos, sin embargo, no significa que cualquier postura individual o cualquier característica o costumbre social sean de por sí validas y aptas para pensar y actuar. El que la reflexión ética surja del individuo no quiere decir que cualquier razón puede permitirnos hacer lo que queramos en nuestra relación con los demás, en nuestro actuar social.
PREGUNTA: ¿Cuál es el propósito primordial de la ética?