Hacia una Nueva Concepción de la Historia
Para caracterizar el hilo conductor de esta nueva visión de la totalidad histórica, podemos decir que se trata de un esfuerzo por organizar el contenido de la experiencia humana en toda su amplitud. Esfuerzo que comienza allí donde termina toda especulación, en la vida real, positiva; aquí comienza la ciencia real, el discurso de la actividad practica. “…las abstracciones tomadas en sí desajustadas de la historia real, no tienen absolutamente ningún valor. Si acaso, pueden servir para clasificar más fácilmente la materia histórica, para indicar la sucesión de las situaciones particulares”.
El hombre productor en sociedad es para Marx el punto de partida. A partir de este interés señala en grandes líneas la historia del hombre productor en los textos de la ideología alemana (1845). Este diseño toma forma en los textos de la introducción a la crítica de la economía política (1857). Contribución a la crítica de la economía política (1859) y posteriormente en el capital.
En la célebre metáfora del prefacio de la contribución a la crítica de la economía política, tenemos los elementos descriptivos de una formación social, concebida de manera estructural en diferentes instancias: económica, social, política e ideológica. Instancias estructuradas ellas mismas, con determinación en “última instancia” por lo económico. Esta concepción se elabora a partir del concepto: modo de producción, concebido a su vez como estructura cuyas diferentes instancias conservan una existencia relativamente autónoma, con sus propias leyes de funcionamiento y de desarrollo; lo que significa que cada instancia tiene su dinámica propia, su tiempo propio dentro de la interdependencia entre ellas.
El tiempo histórico es concebido como una forma específica de existencia de la totalidad social en función de las relaciones propias de correspondencia, no correspondencia, articulación, desajuste y distorsión que se entretejen en las diferentes instancias en función de la estructura del “todo”.
Se da igualmente un nuevo criterio de periodización de la historia: los modos de producción. A partir de su evolución se determinan los momentos de la historia.
Puesto que se trata de una comprensión de la totalidad histórica en términos de estructura, es necesario comprender la acción de las diferentes instancias entre sí como una acción estructural, de manera tal que el efecto de cada instancia repercute sobre las otras y viceversa.
¿Cómo pensar la acción en “última instancia” por la economía? La categoría de “causalidad estructural” utilizada por Louis Althusser, aunque poco elaborada por él mismo, nos permitirá dar una respuesta con la certeza de no ser definitiva.
La acción de lo económico no puede pensarse como si esta instancia ejerciese una causalidad mecánica sobre las demás instancias. La practica económica no gobierna las demás instancias por un efecto directo, ella actúa en totalidad y no como instancia particular situada en alguna parte de la formación social.
Tampoco puede pensarse en los moldes de una causalidad expresiva en la que se trata de un modo de acción que encarna una esencia interior a los fenómenos que la manifiestan, de manera tal que la esencia estaría inmanente en los fenómenos y de la cual estos serian su manifestación. Cada parte expresaría el todo y en consecuencia cada una de ellas estaría en igual relación con el todo (Hegel).
En las formaciones sociales y en virtud de su naturaleza se da una estructuración del todo en la cual la práctica económica actúa de un modo determinante, aunque no dominante de manera exclusiva y permanente. La dominante puede ser otra instancia (política u otra); en este último caso lo económico determinara la instancia dominante, y por esto se dice que se trata de una acción determinante en “última instancia”. Pueden darse situaciones en las que la dominante sea lo económico.
Esta acción de lo económico “en la última instancia” está lejos de estar evidente al nivel de la apariencia; en muchas situaciones la acción de lo económico se disimula, y esto lo ha contratado Marx en el sistema económico, objeto de su especial preocupación.
La imagen que nos ofrece el prólogo de la introducción de lo que es la dinámica de la sociedad es la de una totalidad en movimiento cuya estructuración en un momento dado debe ser determinado en cada caso particular. No se trata de una concepción “abstracto” de los diferentes niveles de una formación social, sino de la comprensión de la configuración estructural que en un momento dado ésta puede recibir. La historia de las formaciones sociales constituye el cuerpo de la historia con la lógica y la contingencia que le son propias; lo cual significa que en ella nada es absolutamente necesario ni fortuito, sólo existen hechos dialécticos.
Decir que la historia tiene una lógica significa que los acontecimientos de cualquier especie que sean, en especial los económicos, tienen una significación humana, que la historia bajo todos sus aspectos entreteje una única rama y que en ella todos convergen hacia una culminación. La contingencia que le es connatural designa el juego de las circunstancias y acontecimientos aunque los distintos órdenes formen un solo texto inteligible.
Concebir la historia como totalidad es hacer de ella el cuerpo de la dialéctica. El conjunto totalidad-dialéctica-historia constituye la expresión del “todo” por él designado. El soporte de esta historia y de su dialéctica es el hombre, quien domina la naturaleza en el proceso de trasformación y quien en el conjunto de sus relaciones sociales se constituye él mismo en su especificidad. Siendo el hombre sujeto de la totalidad lo importante es comprender que la unión de él con el mundo es al mismo tiempo mediación necesaria para promover su libertad. El hombre en contacto con la naturaleza, sin romper la necesidad, antes por el contrario utilizándola, proyecta en torno suyo los instrumentos de su liberación y crea un mundo en el cual el comportamiento natural suyo se hace humano; este mundo es aquel en el que los hombres rehacen cada día sus propias vidas, es la historia.
Colocar al hombre en el centro de la concepción de la historia es fundamental en el marxismo para evitar toda reducción de la historia al desarrollo ciego de las fuerzas productivas. Toda explicación mecanicista o economicista queda superada en beneficio de una explicación estructural. Como Marx mismo nos lo indica, “no es verdad que la situación económica sea la causa, que sólo ella sea activa y que todo el resto no sea más que acción pasiva”.
Claro está que el hombre hace la historia en el marco de una cierta necesariedad de la cual el azar, como lo decía Engels, es al mismo tiempo manifestación y complemento. Esta necesariedad es de orden económico y en este sentido lo económico es determinante en última instancia. Más debemos enfatizar igualmente que la determinación histórica pasa por la conciencia de los hombres. Estos hacen la historia, no en la indiferencia, ni fuera de toda condición, puesto que libertad y determinismo, totalidad e individuo, comprensión de la totalidad y trasformación de la misma (teoría y práctica) se concilian dialécticamente en la historia. El horizonte más amplio en que ésta se realiza es aquel de la relación hombre-naturaleza. El largo camino del devenir histórico conduce desde la fabricación de los primeros útiles extremadamente elementales hasta el reino de las maquinas poderosas y perfeccionadas que hoy constituyen como síntesis de todos los instrumentos.
La tecnología misma es posible por la creatividad del hombre en la historia y a su manera ha hecho posible la trasformación de s bienes ya adquiridos. En forma análoga al proceso natural de los organismos vivientes, el hombre trasforma en él las informaciones del mundo exterior y formula nuevas respuestas, las cuales actuando a su vez sobre el mundo exterior lo perfeccionan, originándose nuevas necesidades que exigen nuevas trasformaciones. La relación necesidad- concreta-creatividad-técnica dinamiza un proceso al infinito y sólo si se entiende este proceso de manera dialéctica podrá evitarse el caer en un naturalismo vulgar o un determinismo ciego a las fuerzas económicas.
Acentuado la creatividad subyacente al proceso de desarrollo da las fuerzas productivas se valoriza la técnica y se evita el reducir el movimiento de la historia a una fuerza ciega que escaparía a la acción del hombre.
En esta concepción de la historia toma mayor contenido lo que anteriormente denominábamos a nivel categorial “totalidad concreta”, podemos entonces denotarla diciendo que ella es la realidad primera, formadora de todo fenómeno, en la cual todo está incluido porque sucede todo en ella y porque fuera de ella no existe otra realidad.
La visión marxista de la totalidad histórica revierte en el estudio de las estructuras de la historia, es decir, de los diferentes “modos de producción”. Si queremos caracterizarla de laguna manera podíamos decir que se trata de la “ciencia de las formaciones sociales concretas” o materialismo histórico. No estamos en consecuencia frente a un sistema en el sentido hegeliano del término, ni frente a una filosofía en el sentido de “ciencia del ser” aunque sí existe una problemática filosófica subyacente a la visión de la totalidad concreta. Lo que interesa por ahora es hacer resaltar la posibilidad del surgimiento de una nueva ciencia en virtud de una nueva aplicación del método dialéctico de pensar.
PREGUNTA: ¿Cuál es el criterio que determinan los momentos de la historia?