QUIMBAYAS
Rodeados por eternos guaduales y yarumos, los Quimbayas son famosos por su habilidad de construcción con la guadua, su exquisita orfebrería y sus valientes guerreros. Estos habitaron la región del actual Eje Cafetero, sobre todo en el actual Depto. del Quindío. Los Quimbayas, son los creadores de quizás la más famosa pieza de oro precolombino del Mundo: el Poporo Quimbaya (Museo del Oro), y una de las más deslumbrantes colecciones de Arte Prehispánico: El Tesoro de los Quimbayas (Museo de América - Madrid).
Los Quimbayas, se calcula que eran casi 100000, vivían en chozas redondas de guadua y techos de palma. Los fogones eran públicos, y eran compartidos por tres o cuatro familias cada uno y estaban aparte en una choza cercana a las tres casas. Los poblados eran bastante compactos, y era común que cada poblado Quimbaya no superara tres familias diferentes, haciendo el trato dentro de los poblados muy cordial y familiar.
La producción agrícola de los Quimbayas, no era tan eficiente como en otras culturas, que ya conocían y practicaban la rotación de cultivos. Ellos cultivaban una tierra y se la dejaba descansar, mientras el año siguiente se tomaba otra, y así sucesivamente. Su método era quemar la tierra, talar lo que quedaba en pie y surcarla para sembrar, lentamente matando los nutrientes de la tierra. Aunque eran expertos, en terracear las tierras en las zonas más pendientes, de esa forma evitaban la erosión. Pero esos métodos de quema eran compensados con la siembra de guaduales, que además de ser fuente de madera, conservaban mucha agua y restablecían los nutrientes de la tierra. Los cultivos más comunes, eran los de maíz, arracacha, fríjol, fique y yuca.
Los Quimbayas desarrollaron sobremanera la recolección sistematizada de frutas y bayas, especialmente las de guamas, pithayas, guayabas, aguacates y caimitos. Pero el árbol que más usaron, era la guadua. La guadua, es un árbol abundante en la región del actual eje cafetero, y fue usada por los Quimbayas desde juguetes hasta armas y casas. Los Quimbayas aún no construían las colmenas, acostumbrándose a recoger los panales que se formaban en los árboles. De estas colmenas, extraían miel, la cual consumían virgen y también sacaban cera, que usaban para hacer las piezas de oro bajo la técnica de la cera perdida.
La sal, fue una de las razones por la cual los Quimbayas no fueron conquistados por pueblos belicosos como los Muzos y los Panzes, las fuentes saladas de Consota, Cori, Coinza y Caramanta, fueron monopolizados por los Quimbayas, que controlaban el comercio del mineral en la zona al occidente de la cord central. En estas fuentes saladas, el ingenio Quimbaya dividía las aguas saladas de las dulces y la salada llevada por tubos de guadua a los hornos. Donde era evaporada y extraída. Los Quimbayas guardaban toda la sal en depósitos especiales propiedad de cada familia. La sal era usada tanto para pagar tributo al cacique y tribus vecinas.
Los Quimbayas eran hábiles cazadores, era habitual que padres e hijos fueran a la selva por la noche a cazar y llegar al día siguiente con dantas, zarigueyas, osos hormigueros y las muy preciadas guartinajas y venados. La carne de estos la salaban para consumirla más tarde. En estas también perseguían guacamayas, a las cuales pelaban, para usar sus plumas como decoración y consumir su carne azul.
El oro Quimbaya, no provenía de minas, como ocurría con los Tayronas o los Calimas y Pances; ni del comercio, como los Muiscas, sino de los ríos. Los Quimbayas iban a los ríos con frecuencia y con macanas recolectaban oro, o cuando eran demasiado caudalosos, o se crecían esperaban las sequías para recoger el oro de la arena, junto con el limo que ello traía, muy bueno para cultivar. El oro bruto era llevado a casas de orfebrería, donde era molido con grandes piedras, cuando era casi polvo, era mezclado con cobre, para hacer tumbaga, que era más fácil de derretir. Con la técnica de la cera perdida, los Quimbayas obtenías figuras en tumbaga, que posteriormente les practicaban el templado: calentarlas y sumergirlas en agua helada, luego martillarlas, para sacar las impurezas y darle resistencia. Los Quimbayas fueron los que mejor practicaban el templado, pues martillaban y repetían el proceso varias veces.
Por ello, las figuras Quimbayas que vemos en los museos brillan más y no han sufrido casi por el tiempo. Además de la cera perdida, que era más usual en los elementos decorativos y las piezas ceremoniales sacerdotales o civiles, se usaba también el repujado, o martilleo delicado de hojas de oro. El Repujado era más usado en las armas, cascos y pectorales de los guerreros, pues se hacía con láminas, que eran más livianas en el combate.
La Cultura Quimbaya, en lo referente a sus ritos ceremoniales, era caníbal. Cuando una tribu iba a la guerra, el Cacique sacrificaba dos de sus esclavos y todos bebían de su sangre, y comían de su carne, sintiéndose llenos de valor y fuerza combatían. Esta práctica solo se daba en tiempos de guerra y ceremonias religiosas.
El entierro de un cacique era un evento importante. Los sacerdotes organizaban una gran ceremonia, pintaban y adornaban el cuerpo del cacique, que era ataviado con adornos de oro y mantas lujosas. El cacique era velado por varias semanas en su residencia, luego era llevado a lo alto de una colina, donde habían ya cavado un hueco, en el que habían puesto muchas joyas y ropajes, unos esclavos vivos para servirle durante su nueva vida, y mientras llevaban el cuerpo del cacique sus esposas, estaban felices de acompañarlo a la vida eterna. Finalmente enterraban.
La estructura administrativa Quimbaya era bastante dispersa, había casi más de 80 caciques, aunque entre ellos reconocían a otros 5 como superiores. En lo referente a las relaciones con tribus cercanas, los Quimbayas y los vecinos de ellos, a diferencia de otras culturas, tenían relaciones constantes con ellos, pues las distancias entre sus poblados eran escasas. Las relaciones eran mantenidas de cacique a cacique y siempre se usaban intérpretes. Entre esas tribus se encontraban: los Ansermas, los Irras, los Quindos, los Caramantas, los Pícaras, los Pozos y los Armas.
Los Ansermas, eran muy poderosos, y estuvieron incluso a punto de invadir el territorio Quimbaya. Los Pozos y los Armas eran caníbales, y siempre estaban peleando con sus vecinos.
En la guerra, los Quimbayas no tenían ejércitos organizados, pero en el combate los guerreros, entrenados por los caciques, lideraban milicias de todos los Quimbayas, hombres y mujeres de todas las edades combatían en igualdad de condiciones: en esos momentos lo importante era conservar a la Nación Quimbaya. En tiempos de paz, los Quimbayas organizaban brigadas de centinelas y espías que cuidaban de las fronteras.
En caso de invasión, ellos avisaban a los caciques, quienes decidían reunir a la gente. Se ha descubierto, que los Quimbayas eran hábiles constructores de trincheras y trampas, cavando zanjas profundas, que llenaban de filosas estacas mojadas en veneno, disimuladas con maleza y paja. Otras técnicas de defensa, eran las de esconderse en fortines de guadua en los árboles donde esperaban para emboscar al enemigo con flechas envenenadas. En las batallas, los niños cargaban las banderas de las tribus, las mujeres tiraban piedras, lanzas y agua hirviendo desde las colinas, los hombres y los jóvenes estaban en el frente con flechas y arcos. Al triunfar, todos se reunían en el poblado y celebraban bailando y haciendo combates ficticios entre ellos, entre risas.
Los Quimbayas fueron de las últimas culturas en desaparecer, pues las zonas que habitaban eran casi inaccesibles, rodeados a lado y lado por nevados y con dos tapones de selva al norte y al sur. Aún así los españoles llegaron, al mando de Jorge Robledo, que había ya conquistado el Norte de Antioquia. Robledo primero trató bien a los Quimbayas, pero luego comenzó a mandarlos a las encomiendas a trabajar.
Los Quimbayas se resintieron y comenzaron una guerra. Fue inútil, Robledo venció y los últimos Quimbayas escaparon al Chocó. Lentamente desaparecieron, y nos dejaron maravillosos tesoros, el Más famoso, es el "Tesoro de los Quimbayas", encontrado enterrado en Quimbaya, Quindío a finales del siglo XIX, este tesoro está hoy en el Museo de América de Madrid. Aunque la pieza más representativa del arte Quimbaya, el Poporo Quimbaya, reposa en las bóvedas del Museo del Oro de Bogotá, siendo el Poporo Quimbaya, la primera pieza que el Museo tuvo, en el año de 1933.