POLÍTICA, BIEN COMÚN Y LOGOS
Estas indicaciones no son aun satisfactorias, ya que animales como las abejas, o los animales gregarios, constituyen “sociedades”, con un orden admirable. La experiencia nos muestra que el hombre ha levantado ciudades y constituido Estados, pero Aristóteles busca, siguiendo las exigencias de su método, el fundamento de estas actividades humanas, distinguiéndolas desde su raíz, desde su origen, de las organizaciones de los animales.
En este elemento de base encuentra Aristóteles lo propio del hombre como especie y el origen así como la necesidad de la ley.
La explicación de Aristóteles es suficientemente clara: “la razón por la cual el hombre es un animal político en mayor grado que cualquier otro animal, abejas o animales gregarios, es algo evidente. La naturaleza, en efecto, no hace nada en vano; ahora bien, el hombre es el único entre los animales que posee el logos. Los sonidos de la voz indican pena y placer, y, por tanto, pertenecen también a los demás animales (…). Pero el logos existe para indicar lo provechoso y lo nocivo, y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto. Esto es lo propio del hombre con relación a los otros animales; sólo él percibe el bien y el mal, lo justo y lo injusto, y las demás cualidades morales; la posesión común de esta cualidades hace la familia y la polis.
Varios aspectos aparecen claramente en este texto que permiten comprender la progresión del análisis político de Aristóteles:
En primer lugar, se establece el fundamento biológico del hecho político, en cuánto dimensión condicionante.
En segundo lugar, se precisa la especificación humana de este dinamismo socializador de la base biológica por el logos, en cuando dimensión determinante de un tipo de organización que sólo a este nivel será político.
En tercer lugar, se establece la inseparabilidad de la política y de la inteligencia, en cuanto que el logos es el fruto propio de esta facultad del alma.
En cuarto lugar, se define la importancia de la palabra; no sólo en cuanto medio de comunicación, sino en cuanto posibilidad propiamente humana de “poner en común”, de hacer pública (u” objetiva”, como diríamos actualmente), una apreciación valorativa del bien y del mal.
Esta “objetivación” hace que la familia humana no se reduzca a las solas impulsiones biológicas, aunque éstas sean su fundamento, sino que se organice en función de esa esfera común, “objetivada”, en la cual lo bueno y lo malo será catalogado como justo o injusto. La calificación de justo o injusto requiere, además de la apreciación de lo bueno y lo malo para el individuo (lo cual podría limitarse a una respuesta biológica), la comparación valorativa con unos parámetros de comportamiento establecidos por el grupo social. En esta zona comparativa, en esta capacidad de enjuiciamiento, se sitúa la transición de la reacción (biológica)ante lo bueno y lo malo al comportamiento con relación al bien y el mal, nociones éstas que implican un alcance universal o, al menos, general.
En último lugar, estos factores delimitan básicamente un aspecto al cual Aristóteles dará gran importancia: por esta dimensión común del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, la colectividad es más importante que el individuo. Y de la misma manera que un individuo tiene sus etapas de crecimiento, la comunidad tiene su evolución, su historia, durante la cual evoluciona en sus normas de comportamiento. Así aparece claramente que, en el pensamiento aristotélico, la ciencia política es inseparable de la historia de la comunidad.
A partir de estos rasgos generales podemos situar los tres ejes principales del análisis político de Aristóteles: la ley, el ciudadano y la constitución.
Ley se dice en griego nomos, y la delimitación del significado original de este término es decisiva para comprender el pensamiento político de Aristóteles. Nomos (que nosotros trascribimos por ley) significa “lo que es conforme con el uso”, lo que es “normal” para una comunidad a partir de ahí, Nomos se convierte en la “norma” de la vida social para el individuo. La norma, en su sentido original, no es, pues, impuesta, sino deducida del desarrollo de las costumbres del grupo social. Esta dimensión facial hace que el movimiento de constitución de la ley sea “de abajo hacia arriba”, y no al contrario; además, y por esta misma dimensión, la ley es inseparable de la dinámica vital de la comunidad, lo cual le confiere un inevitable carácter evolutivo.
Para Aristóteles, el ciudadano es aquel que participa activamente en las funciones deliberativas y judiciales del Estado, de tal forma que, en el ejercicio de este “derecho” puede garantizar la libertad de su vida personal. Y Aristóteles afirma que la concepción que propone del ciudadano es la de la democracia.
En otros términos, el ciudadano es el hombre libre frente a las presiones y al poder de grupos políticos; el fundamento de esta libertad está en su derecho –y consiguientemente en su deber- a participar en la asamblea y en la corte judicial, pero por el mismo hecho de tener la responsabilidad de ser consultado y de colaborar en la elaboración de las “normas” de conducta, debe obedecer totalmente a las leyes. Como decían los persas, los griegos sólo tienen un señor: la ley. Aunque, en la perspectiva de Aristóteles, este señor esté totalmente al servicio de la comunidad.
Una constitución “es una forma de organización de los habitantes de un Estado”. Un Estado “es una reunión o conjunto de ciudadanos”. Así, la constitución es la que da la configuración del Estado; de tal forma que el ciudadano, por su actividad política, participa en la elaboración de la constitución y en la orientación del Estado, aunque delegue en “oficiales” la redacción de las leyes (legisladores) y la aplicación de las mismas (gobernantes).
PREGUNTA: ¿Cuáles son los ejes del análisis político de Aristóteles?