LA POESÍA
A semejanza del teatro, la poesía española de la primera mitad del siglo XVIII se caracterizó por una imitación de los grandes poetas barrocos: Góngora, Quevedo y Lope de Vega.
Pero a partir de 1750 comenzaron a seguirse las nuevas tendencias estéticas, que se manifestaron en un abierto enfrentamiento con el barroco, que era calificado de “gusto fantástico”. Inicialmente, entonces, se propugnó una vuelta a modelos griegos y latinos, entre ellos Horacio y Anacreonte, y principalmente a los poetas renacentistas españoles: Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León y Esteban Manuel de Villegas.
Para consolidar la nueva estética, que debía seguir las reglas clásicas establecidas por Aristóteles, Horacio y Boileau, se funda la Academia del buen gusto 1749/1751. Los poetas más representativos de este período son Vicente García de la Huerta 1734/1787, Nicolás Fernández de Moratín 1737/1780 y José Cadalso.
Veinte años después, en 1770, la poesía española se dedicó a expresar los temas más apreciados por los ilustrados: la amistad, la solidaridad, el bien común y las reformas sociales, entre otros.
Pero una de sus corrientes más significativas fue la poesía filosófica y útil, que empleó el verso para transmitir de manera agradable las nuevas ideas. Muestra de esta poesía pedagógica y didáctica son los fabulistas Tomás de Iriarte (1750-1791) y Félix María Samaniego (1745-1801).
Otra corriente, mucho más fecunda, fue la de las cartas o epístolas en verso que eran dirigidas a los poetas-amigos, y en las cuales se profundizaba en los sentimientos. En este periodo se destacan los grupos de poetas: los reunidos en Salamanca en torno a José Cadalso, Gaspar Jovellanos Y Meléndez Valdés, y el de los de Sevilla, agrupados en torno a Manuel María de Arjona, Félix José de Reinoso, y posteriormente, Alberto Lista Y José María Blanco White.
En 1790, por su parte, se inició un nuevo período que abarca desde la Revolución Francesa hasta la guerra de la Independencia y sus terribles consecuencias humanas, como los desiertos y percusiones. Un mayor tono sentimental, que se hizo cada vez más violento, preludió lo que habría de ser la retórica romántica.
Por esta razón, muchos estudiosos denominan a este último período literario del siglo XVIII como fase prerromántica. La poesía patriótica y civil fue la característica de esta época. Los poetas más destacados fueron Nicaso Álvarez Cienfuegos 1764/1809, Juan Bautista Arriaza.
LA PROSA
Como mencionamos más arriba, la forma más importante de la prosa durante el siglo XVIII fue el ensayo. La novela, en cambio, tuvo poca producción y fue de menor calidad. En las preceptivas neoclásicas, es decir, en los tratados neoclásicos sobre poética, sólo figuraban como géneros literarios el teatro y la poesía, lo cual explica que las novelas más destacadas de este período tengan una mezcla de géneros.
Así por ejemplo, la Vida de Diego de Torres Villaroel, que combina elementos biográficos y novelescos; Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes 1758 del padre Francisco Islas, que emplea la ficción como recurso para una sátira, y la obra Eusebio 1786, de Pedro Montengón, ejemplo de novela pedagógica.
Fue en esta época que la prensa tuvo un auge importantísimo, sobre todo como medio excelente para difundir las ideas ilustradas y reformistas. Ello contribuyó a la creación de una prosa ágil y sin adornos que marcó el periodismo del siglo XIX. En los periódicos, además de noticias y reseñas de libros se publicaban sátiras y discursos muy cercanos a la forma del ensayo.
El ENSAYO
Este género, cuya longitud y estructura es muy diversa, recibió diferentes nombres: memoria, carta, discurso. El ensayo servía para presentar, desde una perspectiva personal y sin alardes de erudición, temas científicos, filosóficos o de pensamiento. Se convirtió, como ya se ha mencionado, en el instrumento más apropiado para dar a conocer las nuevas ideas científicas, y los cambios sociales, políticos y morales de la Ilustración.
La prosa que emplearon los ensayistas fue directa y precisa, entre la disertación científica y la conversación, reflejo de la lengua utilizada en las tertulias. Se acostumbra señalar el año 1725 como fecha que inicia el nuevo período literario en España, pues es cuando Feijoo comienza su gran labor divulgadora. Las figuras más importantes después de Feijoo son Cadalso y Jovellanos.
EL TEATRO
El teatro español del siglo XVIII se caracterizó por las continuas polémicas entre los defensores del teatro posbarroco, de carácter tradicional y popular, y los que defendían una renovación neoclásica.
La primera mitad del siglo se caracterizó por un teatro tradicional y continuista, en el que destacaron obras típicamente barrocas, comedias de magia y comedias heroicas, cuya única finalidad era divertir al público. Pero en el último tercio del siglo el teatro adquiere un carácter didáctico. Los neoclásicos fomentan la renovación del drama español, tanto en los aspectos formales como en los morales, de tal manera que surge un teatro que quiere ser estructuralmente perfecto y de contenido pedagógico.
Se intentó crear una tragedia propia y nacional, inspirada en los modelos franceses, pero la falta de una tradición y la falta de preparación del público hicieron fracasar las propuestas. La comedia neoclásica tuvo mejor fortuna, pero sólo con la llegada de Moratín alcanzó el éxito.
El sainete, obra teatral breve de carácter cómico sobre la vida y costumbres de la época, principalmente de la clase media, encuentran en Ramón de la Cruz 1731/1749 su mejor exponente.
PREGUNTA: Mientras que la poesía se asemejó al teatro, la prosa presento contraste con: