Ontología: Sentido del Ser
En el texto de Heidegger que lleva por título Qué es metafísica nos dice el autor: “sólo porque la nada es patente en el fondo de la existencia, puede sobrecogernos la completa extrañeza del ente. Sólo cuando nos desazona la extrañeza del ente, puede provocarnos admiración”. De la admiración, esto es de la potencia de la nada, surge el “por qué”. Sólo porque éste es posible, en cuanto tal, podemos preguntarnos por los fundamentos y fundamentar una determinada manera. Sólo porque podemos preguntar y fundamentar, se nos viene a la mano en nuestro existir el destino de investigadores.
La pregunta acerca de lanada nos envuelve a nosotros mismos, a los interrogadores. Es una cuestión metafísica. La existencia humana no puede habérselas con el ente si no es sosteniéndose dentro de la nada. El ir más allá del ente es algo que acaece en la esencia misma de la existencia. Este trascender es precisamente la metafísica: de aquí que la metafísica le pertenece a la naturaleza del hombre. No es una disciplina filosófica especial ni un campo de investigaciones: es el acontecimiento radical en la existencia misma y como tal la existencia.
Como la verdad de la metafísica habita en estos abismos insondables, su vecindad más próxima es la del error profundo, siempre al acecho. De aquí que no haya rigor de ciencia alguna comparable a la seriedad de la metafísica. La filosofía jamás podrá ser medida con el patrón proporcionado por la idea de la ciencia.
Si realmente se ha hecho cuestión para nosotros el problema acerca de la nada, no habremos visto la metafísica por fuera. Tampoco podemos decir que nos hemos sumergido en ella, porque por el mero hecho de existir nos hallamos siempre en ella: physeigar, o phile, énesti tis philosophía te tou andros dianota (Platón, Phaidros 279 a.c.).Por el mero hecho de existir el hombre acontece al filosofar.
La filosofía, eso que nosotros llamamos filosofía, es tan solo la puesta en marcha de la metafísica; en esta adquiere aquella su ser actual y sus explícitos temas.
Y la filosofía solo se pone en movimiento, por una peculiar manera de poner en juego la propia existencia en medio de las posibilidades radicales de la existencia en total. Para esta postura es decisivo: en primer lugar, hacer sitio al ente en total; después soltar amarras, abandonándose a la nada, este es, librándose de los ídolos que todos tenemos y a los cuales tratamos de acogernos subrepticiamente; por último, quedar suspensos para que resuene constantemente la cuestión fundamental de la metafísica, a que nos impele la nada misma: ¿“por qué hay ente y no más bien nada”?
En la riqueza de su contenido el texto nos permite entender hasta dónde es cierto: a) que la analítica existencial no es más que un preámbulo que nos abre el horizonte del ser; b) que con Heidegger se abre una nueva perspectiva para la metafísica, muy lejana del concepto dogmático de metafísica; y c) que la metafísica ni puede, ni debe competir su “estatuto teórico” con las ciencias particulares.
Debemos precisar igualmente en cuanto a la pregunta final, denominada por Heidegger la cuestión fundamental, que el por qué no se refiere a la causa del ente que existe; y la expresión nada, no se refiere a la negación del ser sin más. La pregunta viene a significar entonces: ¿por qué motivo el ente determinado “es” mientras que la nada (entendida como ser) permanece en el olvido?
¿Qué es el ser que está en el ente-hombre, en el ahí-del-ser? ¿Será pura indeterminación, carencia de determinación entitativa o el “acto de ser”, o Dios?
El ser, como lo habíamos perfilado más arriba, es apertura, iluminación (Lichtung) del ente, “presencia de lo presente”. Jamás algo objetivo, real, esencia. Se nos manifiesta en el tiempo (éste significa la no-ocultación del ser) a través del ente, por medio de la angustia en él entrañada. No es un producto del pensamiento.
La angustia es el sentimiento radical que me descubre la situación fundamental del hombre. Es la conciencia de su facticidad, arrojado al mundo y sin razón de ser. Es el sentimiento ante la carencia o la nada (conciencia del desarraigo).
La nada nos indica que todo ente en cuanto ente se hace de la nada, a excepción del hombre que en virtud de su ser, puede partir de su conciencia del caos, dar inteligibilidad y sentido a las cosas, al mundo y en virtud de este mismo acto trascenderse.
Ser para la muerte, el hombre existe en razón de su fin, es la posibilidad suprema que se le ofrece. Todos los existenciales se condensan en la angustia ante la muerte, no como algo que viene de fuera, sino que madura en el hombre. En ella encuentra la libertad, el límite de su poder. La muerte es inexorable pero el hombre puede asumirla sin refugiarse en la inautenticidad.
La conciencia y la decisión libre completan el significado del ser del hombre como ser para la muerte, y la temporalidad compete y fundamenta esta ontología fundamental, a través de la cual se nos dan las características del ser y su sentido.
La conciencia es una llamada que viene de mí, pero que sin embargo está sobre mí; la decisión libre es la respuesta al llamado de la conciencia, respuesta en la que cada quien se elige a sí mismo como ser para la muerte: la libertad, es la categoría suprema de la existencia.
El hombre es temporal. Su estructura, la del ser-ahí es temporal. El tiempo está constituido por tres “éxtasis” o momentos supremos unidos a la estructura misma del ser-ahí: el pasado, el presente, y el futuro. Momentos en que nos percibimos como proyecto, a la vez que arrojados sin previa elección, pero con la posibilidad de asumir una existencia autentica.
PREGUNTA: ¿según Heidegger, la analítica existencial no es más que?