La Historicidad
Pero antes de abordar estos temas es necesario descubrir otra de las estructuras fundamentales de la subjetividad, en la que interviene de manera de manera decisiva la concepción fenomenológica de la temporalidad. El problema aparentemente insoluble de toda filosofía de la reflexión y de toda filosofía trascendental es la intersubjetividad. El riesgo que se corre al reducir el análisis fenomenológico a las estructuras intencionales del sujeto es el quedarse cada uno encerrado en su propia subjetividad individual: es el “solipsismo”, origen de todo individualismo.
¿Cómo es posible desde la propia subjetividad hablar de otros “yo” como igualmente trascendentales? En la experiencia cotidiana constituyo otras personas con las cuales me encuentro en relaciones de igualdad o desigualdad: en ellas “introyecto” vivencias “semejantes” a las mías, con respecto a mí mismo como persona a “su” mundo que también es “mi” mundo. En esta relación encuentro que el horizonte intencional de mis vivencias se entrecruza con el posible horizonte intencional de la vivencia de los otros: mi perspectiva con respecto a ellos, a las múltiples perspectivas de otros yo. El problema de la objetividad y de la verdad implica tener en cuenta ese horizonte de horizontes en el cual estoy constituyendo a los otros. Pero este horizonte de horizontes cobra su plena significación en la temporalidad: es allí done mi protensión, mi proyecto, por ejemplo de realizar algo, aunque sea mío, tiene que contar necesariamente con los otros. Solo en la temporalidad adquiere realidad el otro como sujeto trascendental tan originario como el yo, sujeto trascendental.
Ahora si es posible hablar de la evidencia y de la verdad. En mi experiencia diaria se me dan los objetos en diversas situaciones: allí se da un estilo de evidencias según las exigencias de la vida diaria y a este estilo de evidencias corresponde también la relatividad de la verdad. El vendedor de frutas en el mercado tiene su verdad y evidencia, bien distinta de la verdad del matemático y del físico. Son dos tipos de verdad, cada uno referido a situaciones vitales e históricas distintas.
Peo si queda claro que la subjetividad está en capacidad de pensar de un estilo de evidencia y de verdad a otro; mas aun: la razón se caracteriza por un teleológicamente de la verdad, en cuanto puede ir criticando las verdades aun no reconocidas como tales y en cuanto siempre sigue en busca de verdades cada vez más consistentes.
En la tradición de occidente se ha tenido la verdad de las ciencias exactas y matemáticas como la más consistente. La fenomenología reconoce esta verdad en su validez incuestionable en el ámbito de esas ciencias, pero critica la absolutización de esta verdad, como si todas las verdades tuvieran que entenderse a partir de aquella. la misma verdad de la ciencia adquiere su sentido a partir del análisis fenomenológico de la experiencia cotidiana en la cual tiene su significación originaria términos como “exacto”, “experimento”, “hipótesis”, “ley causal”, etc. Por tanto, inclusive la de las ciencias es relativa a un sentido de verdad dado en la experiencia cotidiana: pero esta experiencia no es algo puntual o estático sino que, desde la estructura fundamental de la temporalidad, es una experiencia histórica. Por eso es posible una reconstrucción genética del sentido de verdad de las ciencias a partir de la experiencia histórica del sujeto.
La misma idea de filosofía y por tanto la verdad filosófica como tal tiene su historia: en ella la idea de filosofía y de verdad aparecen como ideal, es decir, como idea regulativa para la subjetividad: la verdad en lugar de ser algo dado, que haya que encontrar o descubrir, constituye una tarea histórica que hay que realizar.
PREGUNTA: ¿Qué caracteriza a la razón?