DESARROLLO DEL SITEMA DE HEGEL: LA LÓGICA
El término “concepto” expresa la “esencia” y la “naturaleza” de las cosas; lo que hay de realmente verdadero en ellas; la estructura racional del ser (logos, razón) y finalmente el devenir de este último, el proceso de su constitución. En cuanto tiene que ver con el ser es por lo mismo sustancia, y en cuanto expresa el devenir de ésta es al mismo tiempo sujeto.
El punto de partida de la constitución del universal, está en sí mismo y no en algo extrínseco. No puede definirse como algo, en la medida en que de todo puede definirse como algo, en la medida en que de todo puede decirse que es (ser). Ahora bien, lo que no es algo, es pura indeterminación (nada). En la tensión de estos dos términos, ser y nada, se dan todos los algo.
No hay nada que no lleve consigo este doble carácter (ser-nada); el ser es de este modo devenir. Esta es la primera adquisición lógica, el primer principio. La Lógica (en Hegel) seguirá paso a paso esta naturaleza contradictoria y negativa de lo real expresándola en sus determinaciones constitutivas. Contradicción que, por otra parte, permitirá descubrir por encima de las apariencias del ser “como algo dado”, fijo, inmutable, la negación que lo constituye, como su verdad.
La dialéctica permitirá, frente al ser como algo dado (sentido común), entender a este modo de ser, más bien como impedimento, limite del ser verdadero, y vislumbrar que mas allá (en su negación) está su verdad (el concepto).
Nuestra primera aproximación al mundo nos indica que todo lo que existe en él es determinado; es decir, tiene una cualidad en virtud de la cual una cosa difiere de otra y se opone a otra. Si no consideramos sino este aspecto, debemos reconocer que toda cosa se determina negativamente, en cuanto al poseer tal o cual propiedad, excluye desde sí misma a otras cualidades. Pues bien, la naturaleza de cada cosa está constituida por esta negación. Visto todo desde esta perspectiva se nos presenta como una red de alteridades. En tal sentido las cosas no son seres “para sí”, sino “para otro”.
A esta alteridad se opone lo que las cosas son “en sí mismas”. No se trata, sin embargo, de elementos separados o separables, puesto que algo es en sí mismo lo que es en relación con las otras cosas. Se debe hacer resaltar más bien la mediación como ámbito constitutivo de todo.
Esta manera de pensar el ser tiene una significación muy importante, en cuanto significa el termino de todo dualismo entre esencia y fenómeno, entre lo interior y lo exterior para reemplazarse por la dialéctica, como afirmación del proceso mediado que constituye cada cosa; el hecho singular desaparece tan pronto miramos las relaciones que este guarda con otros hechos o cosas.
La alteridad, es pues en cuanto a mediación, algo que debe ser superado, para que algo pueda devenir en si y para si. La primera negación es la alteridad. La segunda es la incorporación de lo otro en sí mismo. La tercera es el resultado de esta incorporación por vía de negación: afirmación en sí y para sí. Se trata, en consecuencia, de un proceso en que las cosas mediatizan sus formas de existencia. Podemos decir que algo es en sí, en cuanto ha devenido de su ser otro a su propio ser (ser re-flexionado en sí mismo).
Ahora bien, como lo característico del sujeto es esta reflexión de sí sobre sí mismo, el algo objetivo es por ello mismo el principio de sujeto. Principio, por cuanto todo el desarrollo de la lógica va a mostrarnos las determinaciones o momentos constitutivos del proceso de constitución de tal sujeto: el ser. Sustancia y sujeto al mismo tiempo.
Si tal es la situación, el proceso de la existencia no es otra cosa que la contradicción entre cualidades posibles. El existir es la expresión de la finitud. La cual muestra que el ser de cada cosa está constituido por el no ser. La naturaleza de las cosas finitas lleva consigo el germen de su desaparición: “la hora de su nacimiento es la de su muerte”. Unas cosas se trasmutan en otras, en un proceso interrumpido de afirmación. La finitud, además, abre el paso a la infinitud. El proceso de desaparición y aparición de formas es infinito (indefinido) y en dicho proceso el sujeto alcanza la identidad consigo mismo. La negación de la negación es afirmación, y en cuanto tal, lo otro de lo finito, es decir lo infinito. Este último expresa el dinamismo de lo finito, comprendido en su verdadera significación.
Ser para sí no es un estado sino el momento de un proceso. Lo finito no tiene una significación verdadera. En esta idea fuerza, consiste la posición idealista en materia de filosofía.
Aunque se haya dicho que la infinitud es lo otro de lo finito, debe precisarse aún, que no se trata de un infinito que esté por fuera de lo finito como lago que se le opone. Se trata por lo tanto de una infinitud finita.
La manera como las cosas llegan a sobrepasar su “ser para otro” no es idéntico para todas. Sólo la conciencia de sí, el ser alcanza a realizarse como ser en sí y para sí, en virtud de su libertad. Podemos decir entonces que el modo de existencia de los objetos no es igual al modo de existencia de los seres conscientes; la carencia de libertad en los primeros hace que las cualidades de uno permanezcan indiferentes para los otros. La unidad que se da entre ellos es por lo tanto cuantitativa, pero sin que por ello la cantidad sea exterior a su naturaleza; por el contrario, ella misma es la cualidad, la medida.
Este aspecto cualitativo de la cantidad se percibe en el cambio de lo cuantitativo a lo cualitativo, ya que de una parte el progreso no es rectilíneo y de otra lo que emerge está incoativamente en lo anterior, como la nueva planta yace en la semilla. Lo que es esencial es pues el movimiento continuo entendido como actualización, auto-realización del todo, obtenida por vía negativa (en la solución positiva de la contradicción que constituye cada cosa). Esta esencia, es la verdad del ser y constituye la respuesta a la pregunta: ¿Qué es el ser?, con la cual comienza la lógica.
El proceso de esta esencia, la denomina Hegel, reflexión. No es algo subjetivo solamente, sino subjetivo-objetivo. Para entenderla es necesario retener de lo dicho, que la identidad incluye la diferencia. En virtud de la acción del negativo que comporta cada cosa, se toma auto-contradictoria, opuesta a sí misma. Su ser consiste en esta fuerza de contener en sí y de soportar la contradicción. Contradicción que es por lo tanto interna al ser mismo y que constituye la raíz y el motor del movimiento; por esta razón la lógica dialéctica no se identifica con la lógica formal, en la que también se habla de oposiciones, pero externas y formales (sin referencia a los contenidos).
Sólo se resuelve la contradicción en la medida en que se toma fundamento (razón de ser) de la existencia. El fundamento realizado es la existencia (multitud indeterminada de realidades existentes), cosas (compuesto de materia y forma); totalidad que aparece en cuanto las posibilidades de su esencia han madurado y la hacen posible, como realidad efectiva.
Este último paso es un proceso que atraviesa el conflicto entre lo real y lo posible, pero no como dos fuerzas que se oponen entre sí, desde fuera, sino de manera coexistente y en el interior mismo de los hechos. Antes de existir un hecho, se da como condición en el interior de un conjunto de datos existentes. La posibilidad de algo es la multiplicidad existente de circunstancias que lo hacen posible. Lo posible es la realidad dada y concebida como algo que debe ser negado. “el proceso en el cual un orden de realidad dado parece y engendra otro no es otro que el “devenir mismo” de la antigua realidad. Es el retorno de la realidad a ella misma, es decir a su forma verdadera”.
Cada cosa lleva en sí el germen de su propia superación. Este proceso es necesario. Contingencia y necesidad interactúan en el proceso de actualización de algo. Hay necesidad, en consecuencia, de distinguir la realidad existente y la realidad en acto; sólo a la segunda conviene llamar realidad. Porque en esta última la oposición a la que aludimos más arriba entre posibilidad-realidad ha sido superada, dentro de un proceso que no va más allá de lo que el proceso mismo posee virtualmente.
El proceso encierra una necesidad, en cuanto sigue su propia ley superando por lo mismo la oposición contingencia-necesidad. La determinación que implica la necesidad no es algo externo sino interno, y en cuanto no es otra cosa que el propio desarrollo debe entenderse como libertad. Al final tendremos una realidad plena, unidad ultima del ser, que no sufre cambios porque ejerce un poder sobre todo cambio. Identidad del ser consigo mismo, alcanzada a través de la autoconciencia y el conocimiento. Sólo un ser consciente de sus posibilidades y de las de su mundo, puede dirigir su propio desarrollo. La realidad verdadera supone pues la libertad y esta a su vez el conocimiento de la verdad, con todo lo cual tenemos la idea de sujeto (cognoscente y autoconsciente). Sin que este término designe una subjetividad, sino el espíritu de una época, por ejemplo.
Este sujeto universal es el concepto, o lo que es lo mismo la actividad del comprender. No es algo abstracto, sino algo más concreto que el concreto dado en la experiencia inmediata, puesto que encierra el contenido esencial. El mundo de los hechos que el sentido común llama real no es racional. Exige, por el contrario, ser reducido a lo racional, mediante a la acción del pensamiento. La tarea de la abstracción consiste en reducir lo sensible, en tanto que apariencia, a lo esencial que se expresa en el concepto. Por esto la filosofía no es otra cosa que reflexión especulativa, pasión por el concepto, conocimiento de lo esencial, de lo verdadero antes que de lo real dado.
La idea absoluta tiene como contenido la totalidad de las determinaciones enunciadas a lo largo de la lógica, como momentos constitutivos del ser. Aquella es el sujeto en su forma definitiva.
PREGUNTA: El ser de cada cosa está constituido por el no ser; hace referencia a: