El Mundo Físico Como Imagen del Mundo Ideal
En esta perspectiva, el mundo queda dividido en dos zonas perfectamente diferenciadas: de un lado el mundo divino, las Ideas o seres perfectos; del otro lado, el mundo físico, sometido a un movimiento incesante. A la pregunta que formulábamos al principio de esta unidad (¿existe algo permanente o todo es una continua sucesión de fenómenos sin identidad propia?), Platón ofrece una primera solución con la división del mundo en dos zonas: una la del ser, la otra del movimiento. Las soluciones de Jenófanes, de Heráclito e, incluso, la de Parménides, quienes ponían una diferencia de niveles en el conocimiento de las cosas, son prolongadas por Platón en una perspectiva inédita: las diferencia de niveles del conocimiento son, en realidad, diferencias de niveles ónticos; existe un mundo que es, el del ser, y otro que sólo es apariencia, el del movimiento.
¿Cuál es la relación entre estos dos mundos? La explicación de esta relación se encuentra, principalmente en el Parménides y el Timeo. En síntesis, podemos decir que se trata de un acto creador, conocido de una manera técnica en el vocabulario platónico con el término de participación. Los aspectos más significativos de esta teoría son los siguientes.
En el mundo divino de las Ideas, pero en un nivel inferior, existe el Demiourgos o artesano del mundo. Este artesano contempla las Ideas, los seres perfectos, y los ojos fijos en este modelo, teniendo la evidencia, trabaja sobre la materia confusa y errante, que constituye el polo opuesto al mundo divino. La finalidad de su trabajo es reproducir el modelo; pero el resultado, aún siendo la obra de un dios, nunca llega a ser semejante al original. Esta reproducción imperfecta del mundo divino es el mundo en que nos encontramos; un mundo que, por su componente material, está siempre sometido al movimiento, implicando una radical dimensión de imperfección ausente del modelo. La participación designa la huella del modelo en la materia.
Este mundo es una copia; y, por muy imperfecta que sea, siempre mantendrá una huella del Modelo del mundo de las Ideas, del cual se inspiro el Artesano. Así, un análisis profundo de este mundo físico, un conocimiento bien orientado (dialéctica), podría descubrir las huellas del Modelo en la materia. Se tratará, evidentemente, de un conocimiento limitado, parcial, pero que podrá ayudar al trabajo de reminiscencia propio del alma. Hasta cierto punto, el estudio del mundo físico para descubrir la huella del ser, de la Idea, es complementario con el recuerdo que el alma puede tener de su visión directa de la Idea, del ser.
A partir de estos aspectos precisemos cómo Platón podrá prolongar en su perspectiva idealista la exigencia socrática de una ciencia ética. A través de lo que hemos visto, podemos pensar que, en último término, la ciencia ética se resuelve como conocimiento del ser, de la Idea. En efecto, de la misma manera que existe una idea del hombre, otra del caballo, etc., existe una Idea de la justicia, otra del coraje, otra de la amistad, otra de la piedad, etc. El orden ético debe ser una implicación del orden de las Ideas; y la función de la inteligencia – que tiene la ciencia de la Ideas, del ser- debe ser, con relación al cuerpo, semejante a la función del artesano con relación a la materia: introducir el orden Modelo. La ética será, pues, esencialmente intelectualista y ontológica: la inteligencia, los ojos fijos en el Modelo, introducirá en el compartimiento de su cuerpo y de sus pasiones la armonía divina del ser.
Así tenemos tres niveles con operaciones semejantes: a) el artesano, quien ordena la materia y la hace mundo; b) el filósofo, quien ordena a la comunidad y la hace Estado; c) la inteligencia, que ordena el cuerpo y lo hace estancia ética del alma. Los tres niveles tienen un referente común; las Ideas, que sirven de Modelo, de horizonte de debe ser; y los tres operan a partir de una misma dimensión: el conocimiento de las Ideas, la ciencia del ser.
PREGUNTA: ¿Qué importancia tiene la inteligencia?