Origen del pensamiento y de la Tendencia a Sistematizar la Metafísica
La idea de existencia es elaborada por un propósito y un concepto que nace de querer. Es algo que de afuera se interioriza y consecuentemente se exterioriza en palabras, gestos, obras y que constituye todo lo que nos rodea y utilizamos actualmente. La razón hace al ser humano un elemento diferente en el ecosistema, dueño y señor de la evolución urbana que nos distingue y precia como repercusión de nuestra propia razón y querer.
El problema del “ser” se sitúa dentro de un esfuerzo del conocimiento humano por captar la realidad de una manera fundamental, radical, más allá de las modificaciones implicadas en el movimiento incesante de las cosas. Frente al pensamiento mítico, la filosofía ha surgido como búsqueda de una explicación racional e inmanente a las cosas mismas, del principio que las constituye. Desde la respuesta a la pregunta por el fundamento se articularán las diferentes filosofías que han existido desde los griegos hasta ahora. Podemos decir que la ontología o metafísica constituye uno de los ejes referenciales del pensamiento filosófico. En el desarrollo de la ontología o de la metafísica asistimos a la reflexión que occidente ha ido articulando y a través de la cual ha expresado su visión de la realidad.
Esta sección constituye, por decirlo así, la explicitación de los presupuestos de todo lo que se ha dicho en las secciones de la antropología y cosmología y de ella se derivan en último término las reflexiones en el terreno de la ética y la filosofía de la religión.
Recorrer diferentes planteamientos del problema metafísico, puede dar la sensación de una diversidad tal de enfoques del problema metafísico, que se hace difícil ver un hilo conductor en la comprensión del problema. Es necesario que no se pierda de vista algún eje que permita distinguir dos grandes corrientes del pensamiento metafísico, las cuales reducidas a grandes rasgos podemos ubicar de la siguiente manera:
a) La concepción clásica: de Platón y Hegel
b) Concepción no tradicional: a partir de Marx – Nietzsche hasta nuestros días.
En la primera, se trata de definir la metafísica a partir del ideal que persigue, un saber absoluto válido para todos los tiempos y todas las culturas. Absoluto. En cuanto se ocupa de los fundamentos últimos de la ciencia de los entes. Principios últimos del saber humano. Tal empeño es trabajo de la razón, entendida como facultad de asir por medio de la intuición o de la abstracción verdades y valores absolutos: los principios del ser. Quizá su mayor limitación consiste en que a través de ella no se logro explicar el ser del hombre y la condición humana (historia).
En la segunda, por el contrario, se partirá de esta condición fundamental del hombre para proyectar desde allí, la pregunta que el hombre no es un “paquete” de propiedades estables. Que nadie puede pretender poseeré el monopolio de la verdad, que el hombre es praxis, poder transformador del mundo y de las relaciones entre los hombres. Que el hombre es histórico, y el ser también es histórico. Esta concepción histórica de la existencia, ha sido a su vez confirmada por las ciencias humanas, diferentes de la filosofía. Considerar que el pensamiento humano y la conducta racional no pueden tener sino una sola forma es uno de los mitos de occidente.
La historia misma del pensamiento metafísico nos muestra la pluralidad de concepciones que se han dado. De ninguna de ellas podemos decir que es falsa, como lo anota Hegel, toda filosofía es necesaria, pero ninguna agota, en su respuesta, la pregunta por el fundamento, el ser mismo por el que se pregunta. A pesar de la diversidad hay algo que se mantiene en común, una especie de intención metafísica que nos habita y constituye; somos, como dice Heidegger, ser ahí del ser que se alimenta toda reflexión.
La pregunta metafísica tiene en el presente un carácter existencial. La pregunta surge en el hombre como un problema que afecta a su existencia. Más aún, esta pregunta me descubre mi propio ser. En efecto, el hecho de poder hacer la pregunta, me descubre mi existencia como una existencia libre, pensante y personal: en tal sentido tenía razón Aristóteles al definir al hombre como un animal “cívico”. Hasta dónde la pregunta por el ser reviste hoy en carácter existencial nos lo testimonia un texto de Albert Camus en su obra el Mito de Sísifo, que ha hecho época. “Existe un solo problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida merece o no merece ser vivida es responder a la cuestión fundamental de la filosofía. Lo demás, por ejemplo, sí el mundo tiene tres dimensiones, sí el espíritu tiene nueve o doce categorías, son cuestiones secundarias. Son un juego. Antes hay que responder… Yo nunca he visto morir un hombre por defender el argumento ontológico. Galileo a pesar de que había descubierto una verdad importante, abjuró de ella muy fácilmente apenas vio en peligro su vida. En cierto sentido hizo bien. La verdad es que esta verdad no merecía que aceptase la hoguera. Es completamente indiferente, cuál de estos dos, la tierra o el sol, es el que gira alrededor del otro. Se trata de una cuestión realmente fútil. Pero veo por el contrario que muchas personas mueren porque juzgan que la vida no es ya digna de ser vivida. Y paradójicamente veo a otros que se hacen matar por ciertas ideas, o ilusiones, que constituyen su razón de vivir (lo que se llama una razón para vivir constituye al mismo tiempo una optima razón para morir). Por tanto pienso que el sentido de la vida es la cuestión más urgente”.
Todos los decorados de la razón se vienen al suelo cuando nos afrontamos a nosotros mismos y desde el proyecto inacabado que somos nos preguntamos por el “fundamento”. Este podernos preguntar es fundamental. La pregunta surge ante la sorpresa. Este poder de interrogar, nos permite superar el determinismo cósmico y afirmarnos como seres libres, capaces de encontrar cada cosa como es y la verdad de cada cosa. Por esto Kant subordinaba las preguntas centrales de la filosofía a la pregunta qué es el hombre. Tenemos que decir que si la metafísica es posible, lo es porque el hombre, cada uno de nosotros, es un ser en el que la existencia implica una dimensión de verdad y de libertad.
La metafísica tiene por objeto el estudio del ser en tanto que ser, y lo que pertenece en propio. Por esta razón no se confunde con ninguna ciencia particular, en la medida en que estas últimas se ocupan siempre de una parte del ser o una región del mismo. Aristóteles la llamo “filosofía primera” y tenía dos aspectos básicos: el conocimiento del ente como ente y el conocimiento de la región suprema del ente.
A partir del siglo XVII y comienzos del XVIII se fortaleció la tendencia a sistematizar la metafísica y Wolff popularizó la concepción de la ontología como una metafísica general que se ocupa del ente en general y que puede articularse a su vez con una metafísica especial con tres partes: teología, cosmología y psicología, cuyos objetos serían, Dios, la naturaleza y el hombre.
Debemos tener presente que no existe una concepción unánime entre los filósofos, sobre todo en el siglo XX acerca del objeto propio de la metafísica y la ontología. Hemos usado los dos términos para cubrir las diferentes corrientes y ser fieles al desarrollo histórico del problema metafísico, que de lejos de ser uniforme es complejo. Más que la historia de los términos nos interesa penetrar en el contenido del problema y ello no es posible sino asistiendo críticamente a su propio desarrollo.
PREGUNTA: ¿Cuál es la concepción clásica de la metafísica?