Existencia y Ser
En sobre el ser y la esencia, Santo Tomás de prioridad a la experiencia: lo primero en nuestro conocimiento es la aprehensión de “lo-que-es” (el ente). Este es el fundamento del conocimiento intelectual. Este contacto fundamental de la inteligencia con la realidad es un acto “intuitivo”, aunque confuso. Para llegar a conocer más profundamente el contenido de este contacto masivo con la realidad, y superar así el estado de confusión de la inteligencia, se necesita un análisis más minucioso que se realizará a través de la abstracción.
La abstracción (del latín: abstractio: separa, aislar) es la operación a través de la cual la inteligencia capta y distingue, en este conjunto de datos confusos facilitados por la aprehensión, los aspectos más profundos e importantes de la realidad. El fruto de este movimiento” seleccionador y separador” de la inteligencia es el concepto, cuyo contenido, si es perfecto, es la esencia de la realidades consideradas. Este concepto existe, pero solamente en el pensamiento del hombre, por eso es llamado en vocabulario tomista “ser mental” o “de razón”, porque como tal no existe fuera del pensamiento humano.
En otros términos la abstracción es el movimiento de la inteligencia para “separar” del conjunto de datos aprehendidos a través de las sensaciones los aspectos fundamentales de la realidad; aspectos que al ser comunes a varias realidades (Pedro, Juan, Antonio,…: hombre), tiene un carácter universal, para todos los individuos de los cuales se han abstraído. Este carácter universal del contenido de cada concepto (de lo que es, el hombre, por ejemplo) permite a la inteligencia un movimiento inverso al que ha realizado anteriormente; volver hacia la realidad concreta, pero, ahora, con la información que ha obtenido al conocer la esencia. Este movimiento de retorno a la realidad es el juicio, a través del cual se atribuye la esencia a los individuos particulares.
A través de esta dinámica de la inteligencia, podemos ver que para Santo Tomas lo importante y definitivo no es la esencia sino el conocimiento que a través, de ella, se obtienen de las realidades concretas. El conocimiento de la esencia permite aclarar y profundizar la aprehensión confusa del conocimiento sensible. Pero dado que el proceso del conocimiento no se limita a un solo juicio, sino que son varios los que intervienen para poder explicitar la complejidad de la realidad, nuestra inteligencia necesita discurrir, poner en conexión de una manera coherente, varios juicios; esta operación se denomina razonamiento.
Para Santo Tomás, el movimiento de abstracción puede implicar un razonamiento inductivo, dadas las limitaciones de nuestra inteligencia que nos impiden captar de una manera intuitiva la esencia de las cosas. Este movimiento inductivo, en el cual está implicada la abstracción y que tiene como objeto la esencia, es propio del procedimiento investigativo. Una vez que la inteligencia está en posesión de la esencia., el movimiento para aplicarla correctamente a los individuos de los cuales se “abstrajo” no se realiza en una operación simple, sino siguiendo un procedimiento llamado razonamiento deductivo.
La necesidad de distinguir claramente estas etapas, que nos limitamos a resumir, se debe tanto a los límites de la inteligencia humana como a la complejidad de la realidad. Estos dos aspectos imponen a Santo Tomás la formulación a una concepción analógica de la realidad. La realidad es, existe; pero nuestra inteligencia puede caer fácilmente en la tentación de considerar que sus conceptos se pueden aplicar unívocamente, con el mismo sentido a toda la realidad. Lo cual es profundamente erróneo, en su opinión. La concepción analógica de la realidad tiene su origen en Aristóteles, quien se opone a través de este aspecto a Platón. La analogía se pude resumir en una frase repetida frecuentemente en los trabajos aristotélicos: “lo-que-es se dice de múltiples maneras”; y la analogía pretende, básicamente, respetar esta multiplicidad de las manifestaciones de la existencia dentro de la unidad universal del concepto. De ahí la necesidad de reglas precisas para que la inteligencia no haga a lo largo de su camino cognoscitivo (aprehensión, abstracción, juicio, raciocinio,…) extrapolaciones abusivas.
En gran parte todos estos elementos están presentes en la filosofía de Aristóteles. Santo Tomás precisa y explicita diferentes aspectos, pero raramente innova. Esto es válido no obstante, a propósito de la dimensión en la cual nos hemos situado hasta el momento; la relación entre la realidad y el sujeto que conoce. Cuando pasamos a la parte objetiva, a la consideración de la realidad por ella misma, la perspectiva de Santo Tomás es distinta, en esta dimensión la influencia de Aristóteles está dominada por la doctrina tradicional del pensamiento cristiano, resumida en un punto preciso: la creación, y explicitada por Santo Tomás a través de la procesión.
Ser y Creación
La doctrina tomista sobre la creación se encuentra magistralmente expuesta, principalmente, en la Suma Teológica, cuestiones 44 y 45. En síntesis, podemos decir que el pensamiento de Santo Tomás se explicita de la siguiente manera.
· La procesión es el término general para indicar que una realidad procede de otra, que una realidad es causada por otra realidad: un hijo por su padre o un fruto por una planta. La afirmación fundamental en este punto, es que toda realidad procede de Dios.
· La creación precisa el modo como proceden las cosas de Dios. La creación es el ex nihilo, el acta por el cual Dios hace que las cosas existan a partir de la nada. La creación restringe pues, de una manera muy precisa, el significado de la procesión, cuando este término se aplica a las relaciones causales entre Dios y las cosas: sólo la acción divina es ex nihilo. Consiguientemente Dios crea al ser, mientras que cualquier otra procesión parte de algo ya existente, como es el caso de la relación padre-hijo o planta-fruto.
· La participación, consiste en la relación de semejanza entre lo creado y su autor. Por ser ex nihilo, la criatura proviene únicamente de Dios, de cuya realidad participa: si en un momento dado esta realidad se rompiera, si la creación no fuera un acto permanente que se prolonga en el hecho de que Dios conserva el mundo, todo volvería a la nada.
Estas realidades, que proceden de un acto creador original, están compuestas de materia y de forma, principios propios del movimiento que la inteligencia humana pude distinguir y comprender a través del proceso abstractivo (anteriormente indicado). Estos dos principios explican el movimiento, pero toda realidad constituye una unidad que no se destruya en el movimiento; al contrario, el movimiento permite su afirmación continua como realización de la perfección que le es propia. Para explicar esta identidad dinámica, Santo Tomás utiliza los principios postulados por Aristóteles en su filosofía primera (o Metafísica), siguiendo, de nuevo, los ejes de análisis establecidos por el filosofo griego, a cuyo estudio emitimos
En el estudio del ser, Santo Tomás integra la filosofía de Aristóteles dentro de una estructura de pensamiento propiamente cristiana. Su originalidad no reside tanto en sus aportes originales a los estudios ontológicos (aunque en ciertos puntos haya tematizaciones importantes, por ejemplo sobre la analogía), como en su gran esfuerzo de síntesis que, por las exigencias implicadas, representó un aporte decisivo en la orientación de los estudios teológicos medievales.
PREGUNTA: ¿En qué consiste la procesión?