EL SER COMO SUSTANCIA
El término que corresponde en griego a nuestro vocablo sustancia (del latín sub-stare: lo que esta debajo; lo cual ya implica una concepción diferente) es ousía. Este término designa lo estable, lo permanente; así, etimológicamente ese término asociado a Hestía, la diosa del hogar, de lo estable en la sociedad: el centro de cohesión centrípeta de un grupo humano.
A partir de aquí y tenemos el horizonte hacia el cual se orienta la investigación de Aristóteles: aquello que, en cada realidad, constituye el centro de cohesión del movimiento que modifica continuamente cada una de sus partes.
En esta perspectiva, Aristóteles no busca algo estable, algo permanente, fuera del movimiento, sino algo que permita que una realidad continué siendo idéntica a ella misma en y por las continuas modificaciones a través de las cuales se manifiesta su existencia. En otros términos, cada realidad, según Aristóteles, mantiene una fidelidad con ella misma, sin que esto excluya el cambio o viceversa. Para Aristóteles, por ejemplo, la abstracción es la operación mental por la que separamos la forma (o esencia) de la materia, en una sustancia dada, lo que nos permite formar conceptos y tener un conocimiento cabal de su esencia. En sentido etimológico la abstracción consiste en la operación de separar algo de un contenido determinado. En sentido filosófico la abstracción es una operación mental que consiste en separar una característica de un todo concreto (característica que no puede tener existencia independientemente del todo).
Un árbol que crece, que pierde sus hojas en invierno y las hace nacer en primavera, que da frutos… mantiene una identidad a través de todos los cambios; algo semejante se podría decir del hombre (ejemplo que Aristóteles toma frecuentemente): desde el esperma hasta su madurez hay una identidad que afecta radicalmente tanto su parte física como su actuación política.
Probablemente más de un científico, al leer los textos de Aristóteles, podría caer en la tentación de identificar la ousía de Aristóteles con la constitución molecular, si se tratara de realidades animadas. Lo cierto es que Aristóteles postula, para cada realidad, un principio propio e inmanente de identidad con ella misma, si no fuera así no habría cohesión, unidad, continuidad existencial: la existencia no seria posible, todo se reduciría a la dispersión anárquica.
Este es uno de los ejes del análisis óntico de Aristóteles; pero partiendo de la experiencia, constata que todo esta en movimiento, la existencia es modificación. Así, la identidad de una realidad con ella misma está, al mismo tiempo, “comprometida” con el cambio.
Este cambio que se manifiesta en cada realidad debe, en el pensamiento de Aristóteles, obedecer a principios propios que son inseparables del hecho de existir. Este principio es el acto. Para nuestra palabra “acto” existen en griego dos términos; cada uno de ellos delimita con precisión una dimensión profunda de la realidad.
PREGUNTA: ¿Aristóteles, qué busca en la realidad?